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03/04/2011
Francia, ante una nueva etapa

Autor: Michel Wieviorka (Sociòleg)
Font: LA VANGUARDIA
Enllaç:  http://hemeroteca-paginas.lavanguardia.com/LVE05/PUB/2011/04/03/LVG201104030291LB.pdf

No habrá más elecciones en Francia antes de las presidenciales, dentro de trece meses: tanto como decir que los resultados de las elecciones cantonales de marzo del 2011 constituyen el último test político a escala nacional desde ahora hasta el 2012, muy distinto de lo que pueden transmitir los sondeos de opinión, aunque de hecho los resultados electorales coinciden con lo que decían desde hace semanas los organismos especializados en este tipo de estudios.

Recordemos, pensando en el lector que no necesariamente posee un conocimiento detallado del sistema electoral francés, que se trataba de elecciones parciales, destinadas sustituir la mitad de los consejeros generales que representan a la población a escala local en cada departamento. No era una elección nacional, y el reto se cifraba en saber quién representará a la población cantón por cantón (un cantón agrupa varios ayuntamientos de reducidas dimensiones o bien  una parte de una ciudad importante).

El carácter parcial y local de estas elecciones, así como otros factores secundarios del mismo tipo, explica –en limitada medida– el impresionante índice  de abstención (¡alrededor del 55%!), que constituye el resultado más significativo. Sin embargo, la explicación principal se halla en otra parte y permite abordar también otros resultados: la caída del partido presidencial, la UMP, cuyos candidatos evitaban referirse a Nicolas Sarkozy durante la campaña; el ascenso del voto de extrema derecha, con resultados que rondan en ocasiones el 50% y que han permitido que fueran elegidos dos candidatos del Frente Nacional; el triunfo del Partido Socialista, que conquista más de cien nuevos cantones, y el ascenso en realidad moderado de los ecologistas y los resultados no desdeñables (donde se había presentado) obtenidos por el Frente de Izquierdas de Jean-Luc Mélanchon, de discurso populista de izquierda.

Tal explicación puede ser presentada en dos fases, en términos sociales y culturales y en términos políticos. Socialmente, Francia anda mal. El país está preocupado por su lugar en el mundo y en especial los franceses hacen frente a grandes dificultades. Lo que hace sólo diez años solía describirse como una fractura entre los barrios periféricos y la capital se ha convertido en un conjunto de problemas más graves, numerosos y variados. Las jóvenes generaciones constatan que vivirán peor que sus padres. La crisis social se observa hasta en el campo; en cualquier caso, a distancia de los centros de las ciudades e incluso de los barrios periféricos más característicos, la exclusión, el abandono y las injusticias sociales son flagrantes; un sector de la población se siente abandonado y sin esperanza, empujado fuera de la modernidad. A las capas medias, con toda razón, les obsesiona el fantasma del desclasamiento. En cuanto a los obreros, simplemente han desaparecido del universo simbólico social y mediático y los estudios demográficos muestran que viven lejos de sus territorios tradicionales; ya no hay cinturones rojos.


Desde el punto de vista cultural, tales inquietudes se ven prolongadas debido a  la sensación de una pérdida generalizada de puntos de referencia y de una falta de sentido; debido asimismo a la idea de qu lo que hacía aFrancia, su identidad nacional, sus valores, su cristianismo, se echan a perder. Por supuesto, en estas circunstancias, resaltan la inmigración, el islam las diferencias culturales por esa mezcla de populismoynacionalismo que caracteriza al Frente Nacional; por lo demás, estas cuestiones constituyen un caladero adonde ha ido a pescar votos Sarkozy.

No obstante, no se entiende nada de los resultados electorales de marzo del 2011 si no se analiza la crisis política de Francia. Crisis que atañe sobre todo al partido presidencial, la UMP. Desde hace unos dos años, la desafección ha ganado terreno entre quienes habían depositado su confianza en Sarkozy. Todo empezó cuando propuso que su hijo Jean, joven bien plantado, presidiera la empresa de economía mixta responsable del distrito de negocios de La Défense. Desde entonces le han ido debilitando los escándalos asociados a varios ministros, el último relativo a su ministra de Asuntos Exteriores, que hacía turismo utilizando el avión privado de un amigo de Ben Ali cuando el proceso revolucionario había empezado en Túnez.

En el último verano, el presidente Nicolas Sarkozy inició una senda marcada por la cuestión de la seguridad crecientementeahorcajadas de las tesis o las temáticas del Frente Nacional. La política de abertura a la derecha queda en adelante anuestras espaldas. Todo ello ha tensado a la UMP entre quienes quieren seguir al jefe del Estado en su estrategia y quienes se oponen, que suelen ser personalidades cercanas en su día a Jacques Chirac o centristas.

Por su parte, la izquierda se prepara para las presidenciales del 2012 en condiciones mucho mejores. Está previsto que el Partido Socialista presente su proyecto el próximo 5 de abril, las
primarias en las que designará su candidato serán en junio y la cuestión será saber si se tratará de Dominique Strauss-Kahn o Martine Aubry –o, por qué no, un ticket de ambos–, que se resolverá al cabo de pocas semanas. Los principales partidos de izquierda han mantenido debates constructivos sobre el modo de unirse en la segunda vuelta de las presidenciales del 2012 y de cara a las elecciones legislativas posteriores.

Sin embargo, persisten grandes problemas en el seno de cada partido y aún más entre ellos. El primero es el de la alianza con los ecologistas, cuyo anclaje en la izquierda es muy distinto del de los socialistas y todavía más de lo que resta de los comunistas, en un contexto favorable para ellos habida cuenta del drama japonés: los ecologistas critican el crecimiento demasiado fuerte y sobre todo son antinucleares. Los otros están mucho más convencidos de la necesidad de un crecimiento fuerte y, además, son más o menos fervientes partidarios de la energía nuclear. Segundo problema de importancia: la izquierda clásica y la izquierda de la izquierda son más favorables a lógicas rupturistas, muy anticapitalistas, donde otros son moderados y negociadores.

Desde ahora hasta las elecciones presidenciales del 2012 puede haber numerosas novedades. En este momento hay muchas ganas de decir que ha comenzado la era post-Sarkozy, que la derecha se halla sin aliento y que la izquierda, si se une (la izquierda de la izquierda, los socialistas y los ecologistas) y hace propuestas sólidas y realistas, tiene la vía expedita. Los éxitos del Frente Nacional son en mayor medida la marca distintiva de la crisis de la derecha clásica, y de su descomposición, que la expresión de una fuerza capaz de crear una dinámica electoral en su solo beneficio.


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