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09/04/2010
La política subyacente
Las armas nucleares se construyen y se despliegan sabiendo que no se usarán
Autor: Pere Vilanova (Politòleg)
Font: EL PERIÓDICO
Enllaç:  http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=702937&idseccio_PK=1007

La firma del nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START) entre EEUU y Rusia tiene mucha importancia por varios motivos, pero la paradoja de fondo persiste. ¿Por qué? Porque las armas nucleares, a la escala cuantitativa de la que estamos hablando, existen, se construyen, se despliegan y se renuevan sabiendo perfectamente (los que tomarían la decisión llegado el día; el gran público es otra cosa) que no se usarán en ningún caso. No hay escenario racional plausible de utilización. Como hizo notar un experto en los peores años de la guerra fría, la de verdad, «nunca se gastó tanto dinero durante tanto tiempo para algo destinado a no ser utilizado». La certeza en cuanto a la imposibilidad de utilizar el arma nuclear se deriva del consenso entre la gran mayoría de expertos: los daños mutuos garantizados desafían cualquier beneficio razonable. La distensión, en la guerra fría, nació justamente de la constatación de la destrucción mutua asegurada (MAD en sus siglas en inglés), y ello tuvo una derivada importante: la disuasión. Pero para que sea creíble, la disuasión ha de apoyarse en hechos reales, en armas visibles, en gesticulación nuclear. No nos engañemos, lo revolucionario del arma nuclear, a pesar de la evidencia de su imposible uso, es su política, y lo es por partida múltiple. En la medida en que los actores (de hecho los estados) se lo creen, el arma nuclear da estatus, en términos de poder. La amenaza de su despliegue (en tal o cual país), sin consultas previas, produce en aquellos que se sienten apuntados por dicho despliegue una legitimación del endurecimiento de su política exterior. La tensión de las relaciones entre EEUU y Rusia bajo Bush y Putin se construyó sobre este tipo de gesticulación.

En la firma del nuevo tratado cuenta mucho la política: por ejemplo, se firma en Praga, país que estuvo en la órbita soviética, y que Rusia firme ahora en Praga es un valor añadido a la normalización. Que Obama y Medvédev afirmen situar su actual política nuclear en la línea de un desarme progresivo , y no solo en la del restablecimiento de un cierto control de armamentos, es otro valor añadido, crucial si quieren salvar el Tratado de No Proliferación (TNP), que debe ser revisado este año. Y si se quiere sumar apoyos, sobre todo en el Consejo de Seguridad, para que Irán cumpla con sus obligaciones ante el TNP, era imprescindible restablecer el equilibrio bilateral entre las dos -no nos engañemos, todos los demás vienen muy lejos detrás- superpotencias nucleares. No porque con esto se resuelva todo, pero sin esto, ningún avance plausible en materia de desarme nuclear es verosímil.

Ahora bien, los firmantes siguen teniendo una cantidad fenomenal, absurda, de armas nucleares, además de las que no quedan incluidas (de mutuo acuerdo) en el nuevo START. Por tanto, aplaudamos lo firmado, pero la próxima revisión del TNP será una ocasión de oro para ver si el desarme nuclear (y no solo la no-proliferación) tiene algún futuro.


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